Adiós Gabo, mago de las palabras

Olvidar que García Márquez fue periodista es mermarle dimensión a su persona y a su obra literaria. En esos tiempos, el periodista no nacía, se hacía. Y Gabo se hizo en “El Espectador”, diario liberal de mucha influencia en los años 50. El niño deslumbrado por el hielo en Aracataca tuvo que migrar a la helada Bogotá. Y la vida del costeño fuera de su entorno lo empujó sin remedio al periodismo.
Gabriel García Márquez fue un periodista sensible. Allí, en el reportaje y en el fragor del diario, se hizo tan humano y tan colombiano, que terminó creando un mundo mágico. Porque la realidad colombiana nunca satisfizo el corazón grande de este modesto hijo de un telegrafista.
Acosado por la realidad y perseguido por la insatisfacción de lo que lo rodeaba, el periodista cogió la chistera y el sombrero (máquina de escribir y papel) y comenzó a hacer volar a las mujeres, acompañadas de amarillas mariposas. A toda una familia de hombres le puso colas de cerdo. Humanizó a los militares en un Coronel perdido y jubilado de una guerra entre hermanos. La violencia colombiana creo al mago de las palabras. La dura realidad social dio a luz una realidad mágica en la mente y las letras de un hombre de gran talento.