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Autor: Alfonso Echeverri

Parroquia Virgen de Fátima: contra la exclusión

El grupo de Cáritas en la Parroquia «Virgen de Fátima” de Esmeraldas concreta su labor de ayuda social entregando a las y los ancianos víveres, medicinas, útiles de aseo y otros objetos de primera necesidad. Antes de actuar, levantan un diagnóstico de la realidad económica, familiar y social en la que vive la persona beneficiada, con el fin de direccionar su servicio hacia a las personas más vulnerables de nuestra parroquia.

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Parroquia El Vergel y su “Grupo Fraternidad”

Esta tradicional Parroquia de Cuenca antiguamente fue el barrio de los herreros. Hoy es el espacio ideal para que su Cáritas Parroquial salga al encuentro de las personas más necesitadas. El trabajo Pastoral tiene al “Grupo Fraternidad” como punta de lanza de sus proyectos sociales. Fueron los sacerdotes Efrén Ordóñez y Román Malgiartitta quienes dieron el primer impulso que durante 8 años han asumido las voluntarias. El Vergel fue una de las primeras Parroquias en enviar sus proyectos para el Primer Concurso de Cáritas Parroquiales.  

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JOC: más de 90 años de lucha

«Un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo. No respetar al joven trabajador o la joven trabajadora es no respetar al mismo Dios, al mismo Jesucristo”. Joseph Cardijn, fundador de la Juventud Obrera Cristiana

Algo de historia:

Europa 1918: finaliza la Primera Guerra Mundial. Seis millones de muertos, otros seis millones de civiles y combatientes lisiados, una política sin norte, una moral destruida, una clase obrera explotada sin misericordia para reconstruir la economía de la postguerra. La gran depresión económica en el Viejo Continente configura la realidad social en la que un sacerdote belga, Joseph Gardijn (1882-1967)* comienza a trabajar con jóvenes obreras y obreros de su país y de Europa. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) fue la iluminación inicial de este sacerdote, hijo de obreros, en una Bélgica colonialista que había sido ocupada por Alemania y destruida por esta Primera Guerra Mundial.

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“Jesús fue el primero en ‘ensuciarse las manos’”

En su homilía de hoy en la capilla de Santa Marta, el papa Francisco reitera su llamado a la Iglesia para tender la mano a los excluidos, siguiendo el ejemplo de Jesús con los marginados de su tiempo. Sólo así podemos hacer verdadera comunidad. Jesús curó a los leprosos tocándolos, y nos enseñó que “no se puede hacer comunidad sin cercanía”.

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Casi US$ 100.000 para Nepal

El terremoto que prácticamente destruyó a Nepal el 25 de abril, con la réplica del día siguiente, sumió a este país asiático en un verdadero infierno. Pronto nos movilizamos y emprendimos desde Cáritas Ecuador una campaña de solidaridad en las 24 Diócesis del país. ¿Resultados? Casi cien mil dólares recaudados que serán enviados la próxima semana al “techo del mundo”, Nepal.

Para lograr este apoyo, recurrimos a la solidaridad de las y los ecuatorianos, especialmente a quienes profesan nuestra fe cristiana. En nuestra página web y en las redes sociales hicimos el llamado, pidiendo colaboración en efectivo dada la distancia que hay entre Ecuador y Nepal. Y la respuesta de las Diócesis ecuatorianas ha sido más generosa de lo que esperábamos.

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¡Quebrar la vara de la violencia!

“Hay que quebrar la vara de la violencia”: Este es el pedido de Mons. René Coba, Obispo Castrense de Ecuador, hecho a todo el pueblo ecuatoriano en estos momentos de convulsión política. A un mes de la visita papal, Mons. Coba aborda el tema político y urge a las y los fieles a una evangelización nueva, con un laicado poderosamente activo en la prédica de la Palabra de Dios. «La violencia nos golpea en todo lado». 

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Sobre los divorciados en nueva unión

El 5 de agosto puede pasar a la historia de la Iglesia: el papa Francisco habló claro sobre las y los cristianos divorciados: no se les puede excluir, no se les puede considerar y tratar como personas excomulgadas. Un tema difícil en el que el Papa pone más corazón que tradición, más amor que severidad, más comprensión que exclusión, más perdón que condena.

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Ciencia y violencia

A 70 años de la bomba atómica, que sirva «El rosario de Hiroshima» para reflexionar y rezar, para hacer aunque sea un minuto de silencio por la ciencia que crea violencia. De dominar el fuego a la bomba atómica pasaron millones de años. Hoy, cada ser humano, incluidas niñas y niños, está sentado en 7 toneladas de dinamita, gracias a la “ciencia” ¿Es ciencia algo que puede crear tanta violencia, una violencia capaz de matar todo vestigio de vida en un planeta ya en peligro?

Nunca fue más peligrosa la unión entre ciencia y violencia que el haber empleado la energía atómica en una bomba. Hoy estamos plagados de cabezas nucleares, todas apuntando con violencia contra la vida en el planeta. Si estalla una cuarta parte del arsenal nuclear, solo sobrevivirían las cucarachas, la tierra se oscurecería y la especie que creó esa fuerza desaparecería por completo.

Hace 30 años y, con motivo del aniversario de Hiroshima y Nagasaky, Gabriel García Márquez denunció que con el dinero gastado en armamentos nucleares podrían resolverse los problemas de salud, alimentación, educación y trabajo de toda la humanidad. Pero la “ciencia” no le hizo caso a Gabo: siguió aliada con el Poder, creando más violencia y temor en los seres humanos.

Cuando explotó la bomba en Hiroshima y, a menos de un kilómetro del epicentro, existía una misión jesuita alemana en la ciudad japonesa. Ocho sacerdotes jesuitas sobrevivieron a la explosión y tuvieron oportunidad de dar testimonio de su experiencia y repudiar el genocidio.

El P. Hubert Schiffer fue uno ellos. Apenas tenía 30 cuando explotó la bomba, irónicamente bautizada “Little boy” (Pequeño niño). El P. Schiffer vivió 33 años más, siendo un enigma para la medicina explicar cómo no murieron él y sus compañeros por efectos de la rexplosión y la radiación.

200 científicos no pudieron dar respuesta a lo que los cristianos llamamos con fe milagro. El rezar el rosario fue la diferencia entre la suerte de los ocho jesuítas y la de más de 70.000 personas que murieron instantáneamente, y de otras 80.000 que fallecieron en los 5 años siguieron por efecto de la radiación nuclear.

Setenta años después, seguimos viendo más y más violencia, más armas para matar, más ciencia para contaminar y destruir, más afán de dinero, de poder. Hagamos un minuto de silencio, de reflexión.

La ciencia, por sí misma, no es buena ni mala. Es el ser humano el que destina su uso, ya sea en bien o en mal. Oremos para que todo acto de investigación esté precedido de bondad; que la ciencia tenga corazón y esté siempre al servicio del ser humano, no de su dolor.

Más sobre «El rosario de Hiroshima»

Un camino para contemplar al Dios de la Selva, al Dios del Amor

Iniciaré este recuento compartiendo con ustedes que no tenía idea de lo que significaba el verdadero amor, hasta escuchar la historia de Mons. Alejandro Labaka y la Hna. Inés Arango, dos misioneros que entregaron su vida para defender al pueblo Waorani, específicamente a las familias Tagaeri y Taromenane (pueblos en aislamiento voluntario en la selva ecuatoriana)

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